lunes, 23 de marzo de 2026

Expresiones: Que pueden resultar vulgares.

Forman parte del repertorio de expresiones, frases hechas, dichos y refranes que utilizamos ocasionalmente en nuestro lenguaje cotidiano. 
Aunque la mayoría de los españoles recurrimos a este tipo de expresiones, su origen es desconocido para muchos.

"Tenerlos Cuadrados"


Así es, incluso esta curiosa expresión para denotar valor, coraje y tenacidad tiene un origen la mar de curioso que podemos recoger en la antigüedad.

Esta expresión nace durante las guerras que libró Julio César en las Galias, concretamente a la campaña contra los aquitanos, en la región francesa de la Gascuña que hoy limita al sur con el País Vasco.

Los aquitanos, que César describía como "ferocissimes", fueron uno de los pueblos que más problemas dieron a las legiones romanas. Al igual que hizo con todas las tribus con las que se topó, Julio César describió sus costumbres, su forma de gobierno y su atuendo de batalla. Sin embargo, al final de dicha descripción escribió una frase que podría ser el origen de la expresión que tratamos: "quadrata testicula habent".

Aunque la expresión no deja muy claro si el César hablaba de los atributos de los aquitanos (que a menudo luchaban casi desnudos) o si en realidad utilizó un diminutivo de "testa" (para hacer referencia a algún tipo de casco), viendo el significado actual con el que ha llegado la expresión hasta nosotros, todo indica a que la primera opción es la correcta.

De hecho, esta característica parece que se hizo bastante famosa en la Roma imperial, y Marco Valerio Tiburtino ya en el siglo III d.C. se hace eco de varios gladiadores aquitanos que habían alcanzado la fama y la libertad con apodos como "Quadratus", "Rhombus" y "Poliedricus".

"Sudar la polla"


Parece increíble que una expresión tan ordinaria tenga un origen antiguo, e incluso científico. Revisando los "Tratados Médicos" de Hipócrates, podremos encontrar la descripción de una afección un tanto peculiar que explicaba cómo el exceso de calor y de agua en personas de cierta edad producía una especie de fiebre que se concentraba en la zona de los genitales y producía sudor en abundancia.

Esta afección además provocaba la relajación de ciertas zonas del cerebro, lo que producía un comportamiento despreocupado ante problemas importantes. De ahí que desde entonces los sudores en torno al pene estuviesen asociados con la pasividad y la inacción.

Aunque no hay pruebas fehacientes al respecto, se cree que Sócrates fue víctima de este síndrome, de ahí la parsimonia y la tranquilidad con la que vivió su juicio y condena a muerte.
De hecho, en una copia muy antigua de "La apología de Sócrates" de Platón se lee al margen un comentario anónimo: "Estaba claro que le sudaba la polla".
O como coloquialmente también se dice "Me importa un rábano, comino o simplemente, me la suda"

 "Manda huevos"


El origen de esta archiconocida expresión para indicar indignación, sorpresa y enfado se remonta a una época de crisis dentro de la historia de España, más concretamente al final del reinado de Carlos II, también conocido como "El Hechizado".

Con el reino totalmente arruinado, el rey decidió encargar a Fernando Joaquín Fajardo, marqués de Vélez, la supervisión de las cuentas del estado. Por este motivo, el marques inició un viaje por toda la península tratando de detectar los despilfarros de las autoridades y qué actividades podían llenar de nuevo las arcas del rey. Por esta razón, la correspondencia entre ambos era bastante usual.
Entre las rarezas más rocambolescas del monarca se encontraba su pasión por el huevo. Es por eso que en las cartas que escribía al marqués añadía casi siempre a modo de postdata la frase "Donde quiera que te halles, Fernando, manda huevos".

¿Cómo ha podido derivar una frase tan inocente a un dicho tan vulgar? La explicación reside en que, a medida que iba leyendo en voz alta el contenido de las cartas a los otros miembros de la misión, Fajardo se iba enfadando al comprobar que el rey hacía caso omiso de sus recomendaciones.

Por eso, al llegar al final de la misiva, entraba en cólera al encontrar siempre la misma conclusión, "manda huevos", frase que el marqués repetía gritando para dejar en evidencia las verdaderas preocupaciones del rey: "¡manda huevos, manda huevos!".





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